lunes, 4 de septiembre de 2017

NUEVO BLOG

Estimados lectores, actualmente me dedico a escribir única y exclusivamente en un nuevo blog

https://pensamientosalacartayalgusto.wordpress.com/

Gracias. 

viernes, 16 de junio de 2017

Categóricamente variable


     Nunca olvides que aún no sabes, que te queda por conocer; que el valiente espera y el cobarde se sumerge en el impulso producido por el miedo.

     Recuerda que desconoces, que la ignorancia es una compañera sabia si la controlas y poco a poco la vas nutriendo de conocimientos. Nadie nace sabiendo y todos morimos sin poseer todo el conocimiento del mundo, quizás porque los conceptos parten de una subjetividad real: fueron creados por el hombre.

    Lo objetivo es subjetivo en un mundo de razonamientos absolutos y una lógica por encima de las creencias. Por tanto, no existen verdades absolutas sino imposiciones reales que se camuflan en otros ámbitos también fundados por el ser humano.

  ¿Qué es la verdad? Para mí, lo que desconocemos y deseamos evitar saber. La multiplicidad y la diversidad demuestran que lo absoluto es un término creado por miedo al descontrol. Lo categórico representa la atadura a la diversificación, a la variedad.
            
Beatriz Morales Fernández

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viernes, 19 de mayo de 2017

El verdadero amor de nuestra vida

      El amor de una madre es tan inmenso que ni siquiera metaforizándolo llegaríamos a entender el alcance de tal devoción. Una madre es la reencarnación del sentimiento que produce el tenerlo todo a pesar de la ausencia de muchas otras cosas. Porque madre hay solo una y es esa plenitud que colorea el vacío de las paredes del alma. 

      Tu humanidad es el reflejo de su corazón y solo sus abrazos transmiten la sensación de estar en casa incluso cuando no tienes hacia donde ir en otras cuestiones existenciales y vivenciales. No desaproveches la oportunidad de amarla, demuéstrale tu querencia porque así le das vida a una vejez que se vuelve pletóricamente joven al escuchar esas dulces y suaves palabras que provienen de la vida que engendró: "te quiero, mamá". 

      Una madre es la esperanza que encuentras en la perdición de las habitaciones de tu casa, es la memoria de la madurez que muchas veces perdemos por sentirnos más humanos que seres, es la dicha dentro de la amargura y es el mayor regalo que la vida te dará. Una vez me enseñaron que hay que agradecer todos los presentes que nos otorgan, por eso cuando te miro, mamá, lloro de júbilo en mi interior y grito de orgullo en silencio por tenerte, por haber sido tan afortunada de ser tu hija. 

Beatriz Morales Fernández

martes, 9 de mayo de 2017

El juego

    Un día cualquiera ya no recuerdas donde está la llave. La buscas ansiosamente, llena de furia y maldiciendo el despiste de tu mente que contrariada no entiende que busques algo que arrojaste al vacío de la memoria. Un día, sin más, todo se calma, todo cesa. Esa llave nunca volvió a aparecer y tú nunca más abriste aquella puerta que estaba destinada al fracaso, así es como un corazón roto se reestructura.

    Ya no tocarás al umbral de quien tampoco espera y de quien tú ya no sigues, y ya no mirarás algo que era invisible incluso para aquellos ojos que ciegamente veían esperanza en las ruinas del alma. Inconscientemente, llamabas insensato a quien te dijera que la llave que querías encontrar la habías tirado hacía tiempo a lo inefable del tiempo pero, ¿qué ibas a saber tú si ni siquiera comprendías que la vida transforma en un segundo lo que lleva un letargo pidiendo un cambio?

    La madurez llega y toca a tu puerta cuando un día ya no recuerdas por qué duele aunque a veces escueza, y de esa única manera, entiendes que la llave tampoco quiere que la encuentres porque en un momento determinado de nuestra existencia nos cansamos de jugar al primerizo e inexperto escondite.

    Sin embargo, seguiremos siendo niños adictos al juego pero ya no buscaremos ilusiones ficticias en ese intervalo de tiempo donde buscas, buscas, buscas y vuelves a buscar y solo encuentras el reflejo de una niña que tiene miedo a ser mayor y a mentalizarse de que todo pasa, porque la fluidez del tiempo la marcan nuestras decisiones ante lo que vamos conformando, ante lo que vamos viviendo mientras nos escondemos de la muerte y buscamos esperanza al final del túnel. Ese es el verdadero juego del escondite en el que participamos todos durante nuestra vida. 

Beatriz Morales Fernández 

lunes, 1 de mayo de 2017

    Podría trazar caminos por tu espalda hasta llegar al abismo de tus dudas; inspeccionaría cada parte que no conozcas de ti mismo y me haría aventurera de tus causas perdidas; podría sujetarte incluso cuando no lo necesitas; alcanzaría metas para ti que aún no te has propuesto solo para que entendieras el potencial que tienes; pero todo esto es en vano si entre mis carencias falta el eje que sostiene mis prisas y mis desconsuelos: tu rostro alegre aportándole luz a mi vida, coloreando las sombras grises que me visitan cada noche y besando mi oscuridad para sentir que a tu lado soy mejor persona. 

Beatriz Morales Fernández 

domingo, 23 de abril de 2017

Desde dentro

    Hay emociones que se mezclan con percepciones propias creyéndolas ajenas a nosotros mismos; hay amores que se mezclan con ideales ilusorios y no con la realidad que estás viviendo; hay esperanza que crecerá siempre en la oscuridad; hay recuerdos que duelen para superar momentos que un día te darán porvenir por la lección aprendida; hay tiempo en la tardanza; y, sobre todo, hay una verdad absoluta entre todas las ideologías diversas: somos lo que proyectamos y vivimos el mundo según nuestra interiorización de la vida porque el sinónimo de la expresión hacia fuera es desde dentro.

Beatriz Morales Fernández 

domingo, 9 de abril de 2017

Por todas aquellas promesas que no pude cumplir, por todos esos besos que no terminaron de fundirse, por los recuerdos que camuflan en tu piel dolorosas cicatrices que sangran al pensar en las metas conjuntas que no se terminaron de ejecutar, por una realidad transformada en una ensoñación enamorada, por tus risas que levantaban mi ánimo cuando el inconformismo me vestía la vida, por lo que no fui capaz de dar al ser de otro a pesar de que aquel nunca me saborease como suya, por toda esa efusividad convertida en vacío y por todo ese amor que no supe corresponder...te recuerdo como un lucero que merece aplacar la angustia en los brazos de alguien que contemple los detalles que conforman tu esencia como un regalo. 

Con el tiempo comprendes y valoras qué es el amor sano y cuál es el que merecemos, no el que creemos que debe ser. Todo gracias a aquellas personas que pisan tu camino y, a pesar de no verlas como desean que lo hagas, te ayudan a madurar y a ser mejor persona.

Gracias. Esto sí está dedicado a los tesoros que pasan por esta aventura llamada existencia.

Beatriz Morales Fernández 

jueves, 6 de abril de 2017

Filosofía nocturna

    No siempre podremos conseguir lo que queremos, a veces el camino del fracaso o de la desilusión nos hace crecer, sobre todo cuando evitamos caer en la enajenación y en el odio hacia todo aquello que sintió tu corazón. Lo más sabio es limpiarse el aura mediante un baño con la vida, con la experiencia y con la cicatrización de heridas que te abren otras muy distintas y, a la misma vez, sentidas de forma que ni imaginaste volver a sentir. 

    No permitas que lo que ayer te hizo llorar, hoy te provoque lágrimas en vano. Hay que aceptar, mas no familiarizar, la pena para poder darle paso a la felicidad, para comprender todo lo que un día decidimos no ver: el camino lo conforma uno mismo, lo demás viene solo. Lo que se añade a ambos lados de tu caminar serán la añoranza por lo que fuimos y la esperanza por lo que seremos.

    No dejes de amar ni un solo segundo porque, cuando menos lo creas, todo lo que proyectas hacia fuera vendrá hacia ti y construirá sueños que, a día de hoy, no te has atrevido a desear; desarrollará habilidades de las cuales no te creías capaz; y te abrirá el alma de tal forma que sabrás crear mundos escondidos en el cuerpo que arrope tu calor y en el amor que te brindan tus ángeles, es decir, las personas que aprendieron a quererte y te enseñan a hacer lo mismo mediante el reflejo de su querencia hacia tu identidad.

Beatriz Morales Fernández

martes, 4 de abril de 2017

Todo pasa

Un día te enfrentas a algo que intentabas evitar y descubres que la calma llega y seca las lágrimas que las experiencias te obsequian. A veces, el sufrimiento es mayor en nuestro imaginario que en la vida real, por eso las heridas sanan según nuestra visión de las cosas. Así es como, en un instante, te das cuenta de que todo pasa y de que las cosas que ayer te quitaban el sueño hoy te permiten dormir más tranquila. Solo mediante el tiempo y la paciencia descubres que lo que antes podía matarte de dolor, ahora te permite avanzar con ligereza y buenos deseos, sin necesidad de volver y empezando a amar lo que tienes delante. 

Beatriz Morales Fernández 

sábado, 25 de marzo de 2017

Muchas veces el imaginario nos hace sentir cosas que dejaron de existir con el paso de la desilusión y la madurez ante la ausencia de lo que se creía eterno. En ese momento donde te abrazas al recuerdo, numerosos estímulos palpitan en el dolor que va muriendo cada día. Esa dolencia, te recuerda lo vivo que estás aunque también te convierta en un soñador de imposibles certeros. En ese instante, abrazas a la nada como al todo que más llena tu alma por esa imagen que recrea tu mente, ahí visualizas lo que más amabas y lo que realmente acabó cuando perdiste otro trozo de algo que metaforizamos con el concepto corazón
Ahora es cuando más lo sientes que sentir, cuando más debes saborear el sufrimiento para hacer memoria y entender que la posibilidad de amar no murió aquel día que, lo que te despertaba una fiera tierna, sexual y llena de vida, huyó. Busca en esa necesidad de poseer lo que nunca ha sido tuyo, la manera de salir. A pesar de la obligación de comprender que esas esperanzas de regreso, de que aparezca por tu puerta o un amor que gane al tiempo, finalizaron para darle cabida a una nueva proyección de ti mismo.

Beatriz Morales Fernández 

jueves, 23 de marzo de 2017

Mi bella bahía

      Se puede sentir a nuestra ciudad cuando en vez de mirarla, la observas con detenimiento y cuando en vez de oírla, escuchas su silencio. En cada rincón de los barrios que hoy se abandonan con mayor frecuencia, hay risas de niños ocultos en la sombra por ese sol constante que caracteriza a nuestro clima un mediodía de Vegueta. 

      En ese puente donde nuestros antepasados veían el constante y escaso río pasar, alguien se paró a pensar que determinaría el futuro de aquella tierra insular que hoy perdemos a cada cimiento. Y es en ese pensamiento olvidado de aquel que ya se ha unido a las raíces del tiempo donde se concentran todas esas ilusiones de prosperidad y desarrollo que perviven en aquellos que quieren sostener su pasado y fomentar un crecimiento saludable en su urbe.

La bahía de nuestra ciudad es el reflejo de la belleza que tiene el isleño en su modo de concebir la vida: paciente, propio de lo suyo, silencioso en su ruido interior. Muchos antes vieron lo que se nos acontecía y solo unos pocos levantaron la cabeza del suelo por la preocupación vital de sobrevivir y el sudor de un trabajo que solo permitía llenar a medias el estómago de su familia.

Pero hoy es nuestro momento, es el instante de conversar de tú a tú con esas calles que piden una dedicatoria para reflejar la idiosincrasia que vamos perdiendo injustamente y para demostrar que somos parte de una identidad vinculada al espacio. Las Palmas de Gran Canaria merece ser amada y recordada por lo que nos ha hecho ser hoy.


Beatriz Morales Fernández 

domingo, 12 de marzo de 2017

Hay circunstancias donde la vida te sienta y te pone una hoja de coevaluación delante. Ella te admite que no es perfecta y que te ha hecho tropezar más de lo necesario y tú, sin salir del asombro, la perdonas porque no te queda más remedio. Sin embargo, evaluarse a sí mismo es más complicado y sabes que cada mañana todo lo que gira a tu alrededor va a cambiar. 

Mirándome fijamente al espejo recuerdo todo lo que he tenido y disolví entre mis manos, también me acuerdo de mi niñez y de esas amistades que se vestían de la inocencia más infantil propia de la edad; además de cada amor que ha podido marcar un antes y un después. Y luego están esas personas que, irremediablemente, se hospedan en ti, primeramente como una herida letal y, posteriormente, como una enseñanza; y es mirándome al espejo cuando recuerdo aquellos abrazos, promesas, cumplidos, desagrados, rechazos, esperanzas y oportunidades que te has dado con cada parte de tu pasado. No duele, tal vez escueza, pero es parte de esa vida que te está evaluando resistir la adversidad para encontrar la alegría rejuvenecida. 

Hoy me hubiera gustado que estuvieras aquí, a mi lado, abrazándome y prometiéndonos juntar cada parte del dolor que nos martirizó tanto tiempo, pero supongo que como nunca llegamos a ese encuentro con nosotros mismos y tampoco nos coevaluamos para prosperar, era propio del camino separarnos para ser felices. Ya no duele esa reflexión, solo me trasmite paz y buenos deseos con los trozos del alma que nunca admitieron su rendición y que nunca dieron por perdido algo que nunca se encontró entre las sábanas, solo en una comprensión no propia de aquel entonces, sino del ahora y del destino que formo cada día junto a mis golpes emocionales y mis esperanzas, propias de las cicatrices que te dejan los fallos que un día podrás evitar. 

Beatriz Morales Fernández 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hoy tu ausencia la notó la ignorancia. Aplausos, risas, festejos y ninguna señal donde recordar a quien abraza el olvido en otros labios. La lluvia de mis ojos empapa mi desconsuelo pero es mi propia mirada la que, ante el reflejo de mi vida, entierra todo lo que el pasado olvidó en casa y nunca vino a recoger. 

Beatriz Morales Fernández

lunes, 13 de febrero de 2017

Lo siento, amor. Suelo vestir todas mis inseguridades como si acudiesen a la cita perfecta antes de morir; muertas viven en mí y no hay quien saque los fantasmas que tiñen de dudas el recuerdo que te tengo. Solías ser mi ambición más preciada y acabaste siendo la incertidumbre menos deseada, me apoyaba en tu egocentrismo a pesar de que vieras que era muy fácil ser feliz y fue entonces cuando apareció un amante cruel que te robó de mis brazos y que nos rompió el corazón: el rencor, un proceso de la vida que se entremezcla con la melancolía generando dependencia emocional. 
Bonita la historia nuestra cuando durmiendo en camas separadas soñábamos con un futuro mejor a pesar del grito de acusación después de tenernos dentro. ¿Nos quisimos alguna vez? Extraño caso el buscarte en excusas sin valorar lo que tengo; inmensa problemática la que tiene amar a quien no se ha amado nunca.

Beatriz Morales Fernández 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Te extraño, letal contradicción. 
Besar tu ambigüedad desataba todo mi descontrol; eras tan hermosa en sus besos, apenas concilio el sueño cuando noto que me haces falta. Acaricio tu ausencia como si de un sentimiento frágil se tratase, escucho tu voz en el silencio más absoluto de tu partida y mientras entierro el dolor en el parterre de los sueños rotos, apareces en el reflejo de lo que soy hoy para memorizar tu figura en mis fracasos más sentidos. 
No me olvides, adóptame como puro masoquismo. Domestica a tu extrañeza para que descanse con la mía en el lugar donde nos conocimos, acostúmbrate a los intentos fallidos y, sobre todo, ámame cuando menos debas porque solo así hallarás las respuestas que buscas y me encontrarás a mí, apoyada a tu espalda mientras miras hacia otra dirección como en aquellos tiempos donde las dudas nos vestían el camino. 

Beatriz Morales Fernández