miércoles, 8 de febrero de 2017

Te extraño, letal contradicción. 
Besar tu ambigüedad desataba todo mi descontrol; eras tan hermosa en sus besos, apenas concilio el sueño cuando noto que me haces falta. Acaricio tu ausencia como si de un sentimiento frágil se tratase, escucho tu voz en el silencio más absoluto de tu partida y mientras entierro el dolor en el parterre de los sueños rotos, apareces en el reflejo de lo que soy hoy para memorizar tu figura en mis fracasos más sentidos. 
No me olvides, adóptame como puro masoquismo. Domestica a tu extrañeza para que descanse con la mía en el lugar donde nos conocimos, acostúmbrate a los intentos fallidos y, sobre todo, ámame cuando menos debas porque solo así hallarás las respuestas que buscas y me encontrarás a mí, apoyada a tu espalda mientras miras hacia otra dirección como en aquellos tiempos donde las dudas nos vestían el camino. 

Beatriz Morales Fernández 

No pidas disculpas por sentir

En determinados momentos sentimos que perdemos el control de las emociones y la seguridad de las cosas que tenemos; son instantes donde realmente somos libres porque no nos relacionamos con nada que se sujete al suelo y porque tenemos el derecho a soñar eternamente en ese segundo donde nada nos ata a lo que vivimos en la cotidianidad. Son esos momentos los que, aun a sabiendas de que se perderán porque la vida es muy larga y nosotros tendemos a la memoria corta, debemos exprimir ahí mismo y no hemos de dejarlos ir sin previamente arriesgarnos en dejar un trozo de nuestro corazón.

La cuestión es: ¿a cuántas personas y situaciones en el tiempo hemos dejado pedazos de nuestro palpitar? No importa, lo relevante es que no dejes de hacerlo, no te rindas porque ahí fuera hay manos invisibles que reclaman que sigas dejándote el alma en todo lo que haces y vives de verdad. Y aunque veas a la sociedad perdida y con ganas de abrigarse en el rencor y en la rendición para no perder la seguridad...tú no olvides que eres diferente por abrirte a sentir tu entorno y eso en este momento de la historia es muy importante porque el mundo necesita saber que aún hay esperanza, es decir, que aún existe gente valiente con ganas de romperse amando porque solo así sabremos lo que es la vida y lo que es sentir que hay algo más que tejido muscular y huesos en nuestro cuerpo. 

Beatriz Morales Fernández 

sábado, 4 de febrero de 2017

El viento

El problema de las palabras es que se las lleva el viento.
Abrazada a tu espalda en mi imaginación, solo me convierto en una fotografía de tus recuerdos y todas aquellas dulces letras que formaban promesas resbalan por mi cuerpo tras morir en mi mente y asesinar mi corazón. Nadie puede entender cuánto duele el amor si primeramente no ha amado hasta quedarse sin aire y sin dignidad que recoger. Hay amores que te cuidan o te cicatrizan las heridas de esas carnales pasiones pero, en un determinado momento, justo en el instante donde todo está pasando, maldices cada palabra de sus labios y cada idealización que has hecho de una realidad ficticia. Tú creías ser su media mitad y solo fuiste una idiota que lamió sus ilusiones hasta dejarlas secas, hasta que ya no fue suficiente lo que parecía no tener límite. 
Hay personas a las que les duele sentir porque expresan una debilidad rota y llena de rasguños que pueden tender a una muerte inmediata si lo intentan otra vez, pero son quienes si saltan a la piscina, lo hacen, a pesar de estar llenos de imperfecciones, con una promesa de querencia en la frente. Pero, finalmente, todo se acaba, las palabras se las lleva el viento y encogida interiormente por sentimientos confusos e ilusorios te repites una sola cosa: quien te ama no se va nunca si tú también sientes lo mismo, si tú también lo sientes con toda tu alma. 

jueves, 2 de febrero de 2017

¿Nunca te has parado a observar con precisión la mirada de una persona por la calle?
Muchas de ellas suplican ayuda, piden auxilio a gritos silenciosos y buscan salir de sus prisiones emocionales y sus problemáticas vitales. Algunas lloran sin necesidad de lágrimas y otras están perdidas incluso cuando coinciden con la tuya; no todas son negativas, hay personas que tienen una mirada llena de felicidad ya sea por un día lleno de buenos momentos o porque están en un momento de su vida extraordinario. Sin embargo, las más hermosas y tristes de ver son aquellas que piden liberarse, que suplican volar y desvanecer toda la carga que muestran sus pupilas, pues la persona que se encuentra en un estado pletórico o establemente bueno no mira, no busca miradas, no necesita que alguien se de cuenta de que no hay luz al final del túnel porque ya ha encontrado su propia identidad y una mirada que no necesita ser contrarrestada. 
Quién busca identificación visual no ha encontrado seguridad en lo que encuentra, es quien roza la felicidad pero no la toca, es el que pierde la fe sin haber saboreado la esperanza. 

Beatriz Morales Fernández 

domingo, 29 de enero de 2017

Perdónate la vida

Perdonarse no es tan fácil. De entrada, se requiere paciencia para asimilar que acciones han determinado que un desastre se esconda bajo tu almohada. Los fantasmas suelen pesar bastante y se suelen aferrar a nuestros tobillos para impedirnos caminar y, al final, ese es el verdadero reto que tiene uno mismo en un periodo de transición: librarse de ellos. 
¿Librarse es olvidarlos? Más bien enterrarlos, la mente humana tiene un engranaje que está en funcionamiento las veinticuatro horas del día y muchas veces en diferentes trayectorias de la vida nos toparemos con la nostalgia, algo totalmente humano, y esta nos hará frente. Si olvidamos los fantasmas, volverán a aparecer y destruirán los muros ficticios que ocultaban los errores; pero si los enterramos solo tenemos que echarles un poco más de tierra, pisar firmemente y seguir adelante. 

Como dije al principio, nadie dijo que fuera sencillo, pues cuando algo que nos importa se aleja tenemos que comprender que ya no volverá a estar en nuestra vida. Comprender es llorar la pérdida, enrabiar, soportar el dolor, abandonar esperanzas y buscar nuevos espacios de confort que no tienen por qué ser cuerpos temporales sino soledades que alivian el pesar. Podríamos decir que estamos pasando un luto y seguramente no nos equivocaríamos, pero el principal problema será el tiempo, concepto subjetivo creado por el ser humano. 
Hay quienes necesitan años para superar algo que no quiere quedarse y hemos de entender ese proceso. La prisa acompaña nuestra vida y muchas veces pasan trenes que, si no hubiéramos estado en el fondo de un pozo que aparentemente no tiene salida, los cogeríamos y seríamos muy felices. Sin embargo, que pasen trenes no es algo negativo, al contrario. Coger un tren o lanzarte a una nueva aventura exige ganas y capacidad para estrellarse y no siempre estamos dispuestos a ello, esto no quiere decir que no volvamos a estrellarnos y a ser felices entre golpe y golpe, solo significa que a veces hemos de cicatrizar lo que no para de sangrar para no adentrarnos en laberintos que nos quitan segundos de vida a cada intento de salida. 

Claro, una cosa es decir todo esto y otra es hacerlo, lo sé. Podemos amar a personas a las cuales hacemos daño y aunque parezca inconcebible, ocurre. Las verdades absolutas no existen y los ideales que nos imponen desde pequeños limitan nuestras numerosas oportunidades de entender las emociones y la misma existencia. Puedes amar y hacer daño porque somos seres humanos y nadie tiene culpa de serlo. Por eso debemos perdonarnos, por abrazar los impulsos y ser hipócritas con muchos de nuestros actos, por pedir y no dar, por amar lo que se pierde y perder lo que se ama. Así que no te olvides de que los caminos más difíciles son los que, tarde o temprano, te aliviarán el alma, pues nadie merece sufrir eternamente y todos tenemos el derecho de volver a saborear la felicidad.

La mirada de una persona dice más que cualquier palabra, atrévete a adentrarte en la tuya, puede sorprenderte lo que encuentres en ella pero sea como sea entiende que el error de hoy será la experiencia de mañana y la sabiduría de tu intelectualidad. Ojo, muy importante: la realidad es propia de cada individuo y ninguna es mejor que otra, por ello no temas a tener creencias o maneras de pensar y de sentir distintas a las que nos enseñan desde que somos pequeños, nadie ama ni perdona de la misma manera, luego las concepciones sociales de todo lo que vivas o sientas no debe entorpecer tu modo de ser feliz.

Beatriz Morales Fernández 

martes, 24 de enero de 2017

La soledad contrariada me recibe al entrar en casa; las lágrimas me preparan un baño y la dignidad me susurra "te lo dije". Me ahogo al recordar cuanto creí que nuestro esfuerzo valía mucho más, no es fácil amar la punta de un puñal a sabiendas de cuanto puede cortar el roce. Visualizo tantas emociones y momentos que, al recordar tu mirada y todo lo que creía tan cierto como respirar, la presión me tapona los pulmones y las lágrimas forman pequeñas tormentas en mis mejillas.
Una farsa representada en el teatro más real, la vida, me da la bofetada más dura, y dicho golpe no solo me tumba sino que me sumerge en un dolor con curación en dosis de tiempo. No hay enfermedad más dura que la que te produce una persona enganchada a tu piel, no hay golpe mayor que el que te muestra como en el amor no vale todo y como quien dice amar, amó más a la idea que a tu propia persona.

Hoy me cobijo  en mí, no hay nada más reconfortante que eso, cogerse de las rodillas y apoyar la cabeza para dejar salir toda la rabia, impotencia, resignación y dolor, dejar salir el más puro dolor que produce el desengaño. Mis pensamientos atraviesan tantos portazos, tantos gritos, tanta indecisión...y tanto amor, tanto sexo, tantos besos, tantas miradas desnudas entre nuestros cuerpos y...nada, todo tan falso. Bienvenida al mundo real, bienvenida a la farsa más hermosa y denigrante, sea bien recibida a las querencias que fueron falsas desde antes de decirlas.

Al final, todos somos unos niños que nos adentramos en probabilidades y no en un resultado exacto, todos creemos que es nuestro momento y, todos, hemos amado a alguien que tal vez no es capaz de apostar por tus imperfecciones y por el peso que conlleva el caminar juntos.
Rendirse es fácil, enterrar lo que creías tan vivo como el llanto de un recién nacido...requiere olvido, requiere entender que a veces hay cosas que no se explican porque una persona no puede arreglar la vida de los demás sola.  Requiere llorar, odiar, perdonarse, volver a llorar, ilusionarse, desilusionarse, nuevamente creer en otras posibilidades...Requiere requerirse y, sobre todo, dejar ir lo que no pretende quedarse, lo que no apostaría por ti aún en trozos rotos.

Beatriz Morales Fernández 


lunes, 9 de enero de 2017

Reina de la nada más llena

Mi madre me enseñó a ordenar los monstruos que dejaba tirados por la casa, aunque ahora suelo meterlos debajo de la alfombra o los escondo entre los libros de las estanterías del salón en vez de meterlos bajo la cama. Suelo buscar mucho el porqué y poco el quién sabe, lo cual me ha llevado a meterme en tormentas emocionales que te empapan de arriba a abajo. No suelo ser la mejor apuesta y posiblemente aparente más de lo que soy, pero no pierdo la esperanza en cuanto a dejar de recoger monstruos por todos lados, ya sea porque se cansarán o porque sencillamente desaparecerán, y sé que soy terriblemente masoquista al desear que me abandonen pero... ¡vaya! suelo ser más rara que un perro rosa, que eso sí que es complicado de ver. 


Hay días en los que me miro y solo rompo en pedazos la poca autoestima que me sostiene, ya que la desesperación es traicionera y cuando me invita a beber con ella tiendo a emborracharme de nostalgia y a perder el control de mi vida. Sin embargo, antes de salir, me maquillo la alegría y convivo con la observación ante las situaciones que se me presentan. Es complicado ser quien soy ya que no soy nadie, nadie con apellido. A veces tengo segundo nombre y me cuelo en algún apodo como amor, todo o deseo, pero tiendo a desaparecer cuando se desvanece el control de la situación. 

Mas, algo que ahora entiendo, y que antes no podía por el egocentrismo de mi sonrisa, es el porqué coño he querido controlar lo incontrolable, ¿acaso el amor se maneja? Bueno...


Me temo que la lujuria pudo con el aprecio que le tenía a los sueños de princesas.


Beatriz Morales Fernández 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El alcohol pide confesión

En un silencio completamente ruidoso recuerdo que he olvidado lo que es rozar mis labios con temerosa emoción; tras respirar el aire superficial del perfume seleccionado por las murallas del corazón de las personas sé que lo que me parecía tan fácil antes... ahora es complicado.
Besar sin cariño, rozar manos sin sentimiento, mirar fijamente y llenar el vacío con indecisión y así cada vez que se persiguen pasos de nuevas sombras, todo gira caóticamente perfecto. Hasta a ti que antes te amaba incluso cuando no te tenía o mientras estaba entre sábanas con otros sueños...ya no te amo, ya no siento nada.
Sé que mi corazón está tan roto que nadie podrá recomponerlo nunca pero yo también quiero amar, yo también quiero sentir que merezco la pena mientras beso con pasión, toco con cariño y río de felicidad cuando, tras tanta soledad entre cuerpos, entiendo que nunca fue tarde y que simplemente necesitaba tiempo.

martes, 8 de noviembre de 2016

A veces me pregunto por qué no estás aquí acariciando mis dudas e inseguridades; en otros momentos me planteo el porqué te dejé ir si la unión hace la fuerza y nosotros éramos débiles en ausencia; en muchas ocasiones escucho a mis temores rasgar el cristal que me resguarda del frío abismo; pero ya no me das la mano y ya no siento tu calor, siento el sabor de nuestro primer beso pero no recuerdo el motivo por el cual estabas conmigo ni yo contigo, y tal vez sea mejor así, que en instantes me sea difícil avanzar pero que en otros me recomponga desasiendo lo que fui contigo. 

Beatriz Morales Fernández

jueves, 27 de octubre de 2016

Tragedia francesa

La nocturnidad muestra dos almas que se complementan en locura y que duermen en camas separadas llenas de lejanía, de recuerdos pertenecientes a la incertidumbre del abismo nocturno. Unión de cuerpos enajenados, elixir de besos con cierto sabor francés, en sus heridas profundas arde el fuego de lo prohibido y el infierno que complementa su poesía. 
Ahí van dos malditos, les dirán, mas nadie entiende realmente el valor de lo que se tiene, aún con la sensación de huida en el ápice la lengua, si no ha sentido ese dolor dichoso que te sumerge en las palabras y te permite crear un arte poético grandilocuente, pues el artista se hace cuando lo que entreabre su boca es la reflexión.
Al final, su poesía no solo estuvo en versos navegantes que surcaron la historia literaria, sino en la profundidad que tiene probar la dicha que erróneamente engancha al gusto; y en amarse más a sí mismo tras, primeramente, regalarle mundos desinteresados al amante, al cual lo llevan a amar de forma carnal o en nostalgia maquillada de recuerdos. 

Verlaine y Rambaud. 
Rambaud y Verlaine. 
Dos universos en un mundo con imposibilidad de síntesis, dos corazones que se buscan en lo incierto.

Beatriz Morales Fernández 

martes, 18 de octubre de 2016

Veneno en forma de "te quiero" barato,
sentimientos encubiertos de orgasmos,
idealización cegadora, 
realidad macabra.

Amores de un instante 
que parecían de por vida,
deseos concretos en el baúl 
de lo que carece de importancia.

Ruido acosador ante la soledad necesaria,
oscuridad aterradora que baña el alma,
desgarros de ilusión 
ante promesas fracasadas. 

Ganas de amar y ser amada,  
pero mejor hacer poesía,
algo menos inefable parece, 
permite colorear la grisácea esperanza.

Beatriz Morales Fernández 

martes, 11 de octubre de 2016


Mientras el gozo musical taladra las paredes, mi desasosiego se pierde en la multitud; surcando cuerpos, observo ojos que no miran a nada, mentes que no piensan en nada, juventud que no vive lo que es realmente la vida. Víctima más, comprendo que querer a un cuerpo es amar el cadáver de la persona ausente que despertó otras ganas en ti pero que quedaron en cenizas desperdigadas. Ahora es cuando realmente entiendo que los fuegos que se encienden no se apagan nunca, pues se quedan anclados en otros sitios por miedo a hallarse solo. 



Beatriz Morales Fernández 

Las luces de la ciudad en su nocturnidad son más hermosas cuando dejamos que sean nuestras ganas las que recorran cada calle y su historia; ¡hoy suena tan bonita la fuente que acaricia la espalda de la Catedral de Santa Ana!
Prosigo mi camino y me pierdo en las esquinas donde seguramente tú te encuentres pero en otro lugar; y me pregunto como estarás, si la vida te trató bien, si puedes convivir con la melancolía molesta que a veces empapa de frío y muchas otras te acalora en la desnudez de tu esencia. Hoy me pregunto muchas cosas pero, sobre todo, saboreo la cuestión de si de tanto preguntar, nos hemos olvidado de vivir allá donde se nos ha permitido juntar los pedazos rotos que tanto nos negamos a recoger. Así que hoy tendrás que perdonarme porque voy a dejar las preguntas a un lado y voy a ordenar este revuelo caótico y surrealista que ha empapado mis días en una neblina difusa que se sujeta a mis talones.
Hoy me voy a permitir el lujo de no pensar, de vivir por mí, luego hoy voy a quererte más que nunca, pues me abrazo a la nada contigo, tú allí y yo aquí, tú desde lejos y yo desde tan cerca, tú presa de mis idas y venidas, yo buscando algo que no consigo hallar: paz. 

Beatriz Morales Fernández 

domingo, 9 de octubre de 2016

Mientras me acaricio la mente con memorias obsoletas, me dieron ganas de abrazarte y tocarte el cabello como si morir significara aspirar todo lo que constituye tu ser. Mas cuando ya no miras ni hacia atrás ni hacia delante, yo sigo en perpendicular a tender mi mano sobre la tuya y beberme cada lágrima perdida por una sonrisa de tus fauces, esas que devoran mis tardes en trances sin sentido y que se comen las esperanzas de tener lo que nunca se sostuvo porque solo en mi cabeza se construyeron mundos vanos y gloriosamente arruinados.

Beatriz Morales Fernández 

viernes, 7 de octubre de 2016

Una mañana temprano, te alzarás y contemplarás la somnolencia en tu rostro; te preguntarás que día es, qué hora, qué te deparará la jornada; prepararás algo ligero para silenciar tu estómago y comenzarás a marchar de la mano con el tiempo y su insaciable prisa. Esa mañana tras vestirte, asearte y atarte los zapatos, volverás a la cama y le acariciarás el pelo mientras tus labios en un hermoso y silencioso descenso rozan los suyos, le susurrarás la cantidad de tu amor y la plenitud inundará la habitación antes de salir. Y mientras la has rozado, hablado, amado, abrazado, comido...no te acordarás de mí. 
Mas, muy a mi pesar y en el fondo tiernamente agradecida, sé que si el olvido se hospeda en nuestras memorias, si te llena la existencia, sabré que esa es la forma más bonita de recordarme. 

Tu felicidad; la mía. 

Beatriz Morales Fernández